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Les nostres reflexions

Les nostres reflexions
La emergencia climática tiene rostros, nombres y códigos postales. Más que una abstracción estadística, es una realidad que redistribuye oportunidades y riesgos de manera desigual.
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) los países que menos han contribuido a las emisiones globales enfrentan los impactos más devastadores, principalmente los países del sur global. Pero hay una capa más profunda de injusticia: dentro de estos países, existe un grupo que recibe un golpe doble, casi invisible en las discusiones de política climática: las personas que viven y trabajan en la economía informal.
El reciente estudio de WIEGO “Climate-Change Impacts and Adaptation Strategies: Waste Pickers’ Experiences from Brazil”, para el cual se realizaron entrevistas con personas recicladoras tanto cooperativizadas como no organizadas del país amazónico a lo largo de 6 meses, aporta claridad a esta realidad:
Las consecuencias son multidimensionales. Las temperaturas extremas causan deshidratación, golpes de calor, fatiga crónica. Las inundaciones aumentan enfermedades infecciosas, reducen el valor de materiales reciclables y destruyen equipos esenciales.
Aquí aparece un punto clave para entender esta realidad: el cambio climático no genera vulnerabilidad desde cero, sino que amplifica desigualdades preexistentes.
Muchas personas recicladoras trabajan en espacios improvisados—galpones sin ventilación adecuada, sin sistemas de drenaje, sin protección térmica. Cuando llega una ola de calor, estos espacios se convierten en hornos. Cuando llueve torrencialmente, se inundan. La infraestructura precaria puede convertir eventos climáticos en crisis laborales, sanitarias y económicas.
Esta vulnerabilidad tiene raíces sociales: está ligada a sistemas que históricamente han dejado fuera a estas personas de la protección, los recursos y una infraestructura digna.

Y aquí aparece una paradoja llamativa: estas mismas personas son parte de la solución climática. Lejos de ser víctimas pasivas, las personas recicladoras informales son agentes activos de mitigación climática, aunque raramente se les reconozca como tal. Según múltiples estudios:
Pero sus contribuciones van más allá del reciclaje directo:
Una ecuación desigual: quienes están contribuyendo a las soluciones climáticas urbanas son quienes sufren doblemente los impactos del cambio climático y quienes menos reciben reconocimiento, compensación o apoyo institucional. Y es que no sólo se ven afectadas sus condiciones laborales por el hecho de estar trabajando en espacios exteriores y en interiores no seguros, sino que además se ven afectadas también sus condiciones de vida por el hecho de vivir en zonas con infraestructuras y servicios limitados.
El estudio de WIEGO determina que un 30% de las personas recicladoras entrevistadas no recibió ningún apoyo de gobiernos, sociedad civil o sector privado para hacer frente a eventos climáticos. Del 70% que sí recibió apoyos, cabe destacar dos hechos: primero, que principalmente se trató de donaciones puntuales y no de apoyo estructural; segundo, que fueron donativos posteriores a algún evento climático con fines restaurativos, no de soporte estructural para la prevención. Este es un ejemplo claro de lo que significa la injusticia climática.
La justicia climática cobra sentido cuando se materializa en transformaciones concretas que reconocen, compensan y empoderan a quienes ya están haciendo el trabajo.
Un líder reciclador de Bahía lo planteó claramente para WIEGO: «Los gobiernos municipales deberían firmar contratos con las cooperativas para establecer la recolección de residuos sólidos y pagar a los recicladores por la prestación del servicio. Con la recolección de residuos sólidos, estamos reduciendo el gasto público dado que hay una disminución en los residuos enviados a vertederos».
Y una recicladora líder de Minas Gerais fue aún más directa: «Para aquellos de nosotros que somos negros y pobres, no tenemos acceso a los medios de producción. El apoyo del gobierno municipal no es caridad. Nuestros desafíos deben abordarse en la esfera económica, no solo en la social».
En R4S. trabajamos en la formalización de la actividad de las personas recicladoras como vehículo estratégico para construir justicia climática mientras se genera valor económico sostenible.
Un negocio inclusivo en el contexto del reciclaje debe:
Cuando trabajamos en proyectos de reciclaje inclusivo, lo hacemos cubriendo todo el ciclo de vida: Ideación → Diseño → Implementación → Monitoreo
Co-diseñamos con todos los actores, particularmente con las propias personas recicladoras, quienes conocen mejor que nadie las dinámicas del sector.
¿Por qué esto es justicia climática en acción? Porque contribuye a cambiar las reglas del juego: